San Marcos Sierras merece un capítulo aparte, es por eso que
el anterior quedó trunco. Desde hace ya varios años que vengo escuchando hablar
de ese pueblo, y siempre de boca de gente de mi edad y que me cae muy bien. Por lo
tanto, el próximo viaje a Córdoba incluiría obligatoriamente dicha localidad.
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| Vado del Río San Marcos |
La última visita a Córdoba había sido mi primer viaje sin mi
familia, al comienzo de mi interminable adolescencia, cuando tenía 16 años.
Antes de esto, había ido con mis padres y hermana en varias oportunidades, pero
siendo un niño, por lo cual conservo pocos (pero bellos) recuerdos. Cuando con
mis dos mejores amigos de entonces decidimos irnos los tres a Villa General
Belgrano (ya tampoco recuerdo muy bien cómo fue), descubrí una nueva forma de
la libertad que desde entonces vengo poniendo en práctica cada vez que puedo, y
cuando no puedo, ando pensando en cómo poder. Como yo estudiaba en un colegio
alemán, la mayoría de mis compañeros era nietos de alemanes escapados de la
guerra. Este era el caso del abuelo de uno de mis amigos que tenía casa allá, y
que nos cedió su jardín para que acampemos. Era un hombre ya viejo, que a pesar
de estar medio ciego seguía manejando su Ziambretta para desconsuelo de su
mujer. Se lo veía amable, tranquilo, quién sabe la historia que escondía detrás
de sus párpados, las cicatrices de guerra no creo que cierren nunca.
Si bien no es mi propósito extenderme demasiado en esta
visita que lenta pero inexorablemente se desmenuza en las arenas del tiempo (ya
pasaron 20 años che, tendré cara de jopende pero…), un suceso de la misma ha
quedado marcado a sangre en mi memoria: mi iniciación sexual.
Ya no recuerdo porqué fuimos a un camping pasando Los
Reartes, inmerso en un bosque de pinos a la vera de un arroyo. Un lugar
hermoso. En ese lugar trabajaba una chica un año mayor que yo, ella era de
Tandil y había ido a pasar ahí la temporada. A esa edad, era todo mucho más
ingenuo, jamás imaginé lo que iba a pasar. Una de esas noches, me la levanté
escribiendo en la arena con un palito, literalmente, y nos escabullimos en la
carpa. Apenas entramos, se desató una tormenta eléctrica. Yo pensé que nos
daríamos unos besos, pero la naturaleza, la fuerza constante de la vida nos fue
llevando a la fusión, transformándonos en un un fogón resguardado por la carpa
del diluvio de afuera. Grande era mi asombro cuando rayos y relámpagos
iluminaban fugazmente la negrura total que nos envolvía, regalándome la imagen
de esta chica sentada arriba mío, desvirgándome. Y grande fue su sorpresa
cuando, recostados uno al lado del otro, mientras nuestras respiraciones se
normalizaban, le confesé que había sido mi primera vez.
Córdoba guarda un lugar especial en mi corazón, claro está,
por eso decidí que sería el destino de mi próximo viaje en moto. A San Marcos
Sierras llegamos desde los cerros, en vez de desde la ruta, ya que habíamos ido
todo por adentro. El camino ofreció más dificultad de la esperada, por lo que
llegamos ya entrada la noche. Nos sorprendió encontrarnos con un pueblito
auténtico, con ritmo y apariencia de pueblo, ya que los que veníamos
encontrando por el valle de Punilla se veían transformados por el turismo.
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| Luna llena bajo el mangruyo de Pablo |
Me llamó la atención la cantidad de insectos que nos
rodeaba. Todo estaba lleno de hormigas, a cada rato nos sacudíamos un cascarudo
que nos caminaba encima, un bicho rarísimo pasó caminando por el piso con otro
más chico encima (es la hembra que vive cargando al macho, ¡qué bacán!) que
parecía a control remoto. Habían tres tipos de víboras venenosas (no vimos
ninguna), y cuando pregunté si habían alacranes, misteriosamente apareció uno
caminando en dirección a mí y se quedó debajo de mi silla. Ahí acampamos
durante días, pero no nos picó nadie. Después de la cena, fuimos a sacar fotos
por ahí, ya que era luna llena.
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| Luna llena en el lecho del río San marcos |
En ese pueblito vive una comunidad hippie numerosa, formando
un lugar inundado de sonrisas, gente joven y buena onda. Hasta un perro nos
adoptó acompañándonos a todos lados, durmiendo debajo del cubretecho,
esperándonos junto a la carpa los dos días que anduvimos por el norte de la
provincia, guiándonos en la espesa oscuridad de una noche (no se veía ni la
mano frente a la cara) de tormenta eléctrica en la que no hubo casi lluvia pero
sí una infinidad de rayos que surcaban el cielo y se bifurcaban como arañas,
¡¡¡¡nunca ví tantos!!!! Nos guiábamos por estas luces fugaces que nos encandilaban,
y por la blancura del perro que apenas se distinguía en la oscuridad. Por esto
le pusimos “Antorcha”, y era igual al perro de la Máscara.
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| Nuestro querido Antorcha |
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| Antorcha en la Quebrada de San Marcos |
Continuará...





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